Portfolio

un espacio para compartir qué aprendo y cómo lo aprendo,

vivencial

y basado en anécdotas, reflexiones, teorías, experiencias reales...

para compartir

la cotidiana innovación educativa que, día a día, ocurre en el mundo.
 

miércoles, 27 de abril de 2011

píldora 20: aprendizaje inteligente, lectura recomendada

            Miguel ojeó su agenda, la semana se le antojaba trepidante. Sin duda era un lunes cualquiera, un lunes como todos esos lunes que sus compañeros del equipo de fútbol maldecían. Pero era distinto para Miguel, en su quehacer diario en el centro, no había un lunes malo, ni un martes aburrido, ni un miércoles soporífero, ni un jueves tedioso, ni un viernes pesado. Miguel conocía martes interesantes, miércoles duros, jueves trabajados y viernes inspiradores. Los lunes eran otra cosa, los lunes eran, cuando menos, desafiantes.
            En la agenda y bien subrayadas en rojo, se encontraban las tareas que tenían que repartir y adjudicar a cada uno de los miembros del equipo para la planificación del nuevo museo de la ciudad. Con motivo de la adjudicación de unos terrenos dedicados a la edificación pública, el ayuntamiento había organizado un concurso con objeto de convertir la ciudad en un referente del arte contemporáneo actual, relacionándola con la tradición propia de su desarrollo artístico en la historia e incardinándola en la idiosincrasia de su cultura y geografía únicas. El equipo de Miguel competía con otros grupos por ofrecer el mejor programa de exposiciones y el estudio de diferentes líneas de proyecto para la divulgación artística y cultural del museo.
            En la convocatoria del proyecto, los encargados les presentaron los planes del edificio, las salas de que disponían, los espacios abiertos, los centros de restauración y otros puntos de venta y comercio. En palabras de los organizadores del concurso se trataba de: “un gran proyecto de divulgación que requería de un profundo análisis de las principales corrientes artísticas del siglo XX, el conocimiento de la historia y evolución laboral, económica y social de la zona y los caminos de encuentro que podían dibujarse entre ambas, materializados en la coordinación de los proyectos y las exposiciones de un espacio arquitectónico único”. En lo referente al análisis artístico e histórico, estos puntos debían de entregarse en un pequeño dossier, al que se acompañaba con un portfolio que ilustrase el desarrollo y la evolución del trabajo y del concepto global para el museo, bien fechados y señalando el reparto de tareas y funciones en el equipo. Además, por otro lado se evaluaba la claridad y creatividad el día de la exposición con una escala que se conocía de antemano.
            Miguel y sus compañeros se pusieron manos a la obra en su aula, no disponían de mucho tiempo, a las once tenían la asignatura de Comunicación, después “Reli” y por la tarde Tutoría y Física. Sí, “Reli” y Tutoría y Física y “Mates”... y todas las asignaturas propias de un colegio, porque Miguel no trabaja para ninguna empresa de diseño y comunicación, sino que está estudiando en un colegio, un centro vanguardista que ha entendido qué significa innovar y ser escuela en el siglo XXI.



      En el pasado, el Colegio Monserrat fue un colegio como cualquier otro. Fundado en 1926, es un centro educativo concertado de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. Este libro narra la historia de este peculiar colegio de Barcelona, que se ha convertido en un referente pedagógico en la vanguardia de la educación española. Si quisiéramos acabar de una vez por todas con el fracaso escolar de nuestro sistema educativo, la primera medida eficaz sería que todo claustro de toda escuela en España, leyera y comentara en grupo las vivencias y los métodos que se narran en este material imprescindible.
Es un verdadero regalo que este libro esté impreso y podamos ser partícipes en la lectura de la revolución narrada que ha hecho que un centro educativo, un día como cualquier otro, se convierta en un lugar mágico pero real; donde se aprende construyendo, pero con normalidad; con metodología innovadora, pero que ha dejado de ser nueva por su manejo cotidiano; donde los profesores innovan y crecen, pero no dejan de investigar nuevos caminos; donde la evaluación es muy dura, pero los alumnos la comparten y son el centro del proceso en todo momento; donde la educación del siglo XXI se ha encarnado para mostrarnos que el cambio es posible, pero desde la más sensata y honda humildad.

lunes, 28 de marzo de 2011

píldora 18: ¿cómo abrir nuestras escuelas al conocimento y la innovación?

            El siglo XV fue un tiempo de efervescencia creativa en la historia de nuestra civilización. En plena etapa renacentista se inventaron los primeros planos de los muy futuros helicópteros y aparatos voladores, se concibió el dibujo en perspectiva con la introducción de un nuevo eje en la estructura plana, añadiendo profundidad a los bocetos y esquemas arquitectónicos, se popularizó la construcción del primer modelo de imprenta de Gutenberg y con ella, la impresión -casi ni me atrevo a decir edición- de más de un libro al mes ¡rapidez y modenidad renacentistas! Con estas y otras maravillas de la invención humana el conocimiento dio sus primeros pasos haciéndose más popular, más accesible, más cercano a las personas. Sin embargo, un siglo después y en la misma imprenta creada en el taller de Gutenberg, Maquiavelo publicó El Príncipe donde declaraba que “no hay nada más difícil de llevar a cabo, nada cuyo éxito sea más dudoso, nada más difícil de manejar; que el hecho de iniciar un nuevo orden de cosas. El reformador tiene enemigos en todos aquellos beneficiados por el viejo orden y solo tibios defensores por aquellos que obtendrían beneficios por el nuevo orden”. Los seres humanos somos paradójicos por naturaleza.
            Para muchos historiadores, en la actualidad nos encontramos ante un nuevo florecer innovador y de corte renacentista. Cada vez sabemos más sobre el funcionamiento del cerebro, o sobre las emociones y la concentración; estamos conectados con el mundo entero a tan sólo un “click” de distancia y tenemos acceso a una cantidad ingente de información en red. Estos cambios, por citar los fundamentales, están presentes en el día a día, modificando nuestras relaciones y la forma en que pensamos o el modo en que aprendemos. Sin embargo, hoy igual que en el pasado, existen “Maquiavelos” que aprovechándose de los medios que critican, difunden mensajes contradictorios. En mayor o menor medida, todos somos conscientes de que vivimos en un mundo gobernado por la sensación de cambio, nacido en la velocidad de las invenciones que nos abruman. Esta sensación de incertidumbre, como el mareo que produce el vértigo en los rascacielos, está produciendo un claro desencanto por el progreso; un desencanto hacia la innovación que se reproduce en muchas instituciones, entre ellas, la escuela. Los “Maquiavelos” del presente aturdidos por el vértigo del progreso, relacionan la rapidez de los cambios que los desbordan en el entorno con el miedo al cambio en ellos mismos y en las instituciones. La adaptación y la versatilidad, es decir, la respuesta ante el cambio, son probablemente, los elementos más importantes que los líderes deben impulsar en su organización. El desafío de saber adaptar las instituciones a estos ritmos es crucial, sobre todo cuando se trata de la escuela donde se está educando el futuro que nos espera a todos.
            En una entrevista reciente, Amin Maalof ha declarado que "las perturbaciones que sufrimos ahora son efecto de un agotamiento cultural y civilizatorio en que vivíamos". Al mismo tiempo, Edgar Morin ha introducido dos factores cruciales en esta línea. Un primer factor se denomina "revelador" y el otro "realizador". Por el primero asistimos a una realidad que no conocíamos previamente, por el segundo se desencadena "un movimiento de fuerzas y no únicamente de descomposición, desorganización y destrucción sino fuerzas de transformación que propician el momento decisivo para la innovación, la construcción y las invenciones". Cuando todo cambia es preciso aprender a desaprender. La escuela es la primera institución y organización social que recibe al ser humano. Las escuelas somos las principales instituciones creadores de humanidad. Somos los creadores del futuro. Todo lo que pase en el futuro está pasando hoy en nuestras aulas. Pensemos en el futuro, en la sociedad en la que van a crecer nuestros alumnos. Necesitamos preparar a los alumnos para el mundo en que van a vivir y ese mundo se inicia en la organización de nuestras instituciones. El cómo organizamos y planificamos la estructura de nuestros centros educativos es la esencia de nuestra institución que emana de nuestro proyecto educativo como centro. Cómo nos organizamos es un reflejo de cómo somos. ¿Qué fuerzas de la innovación, el progreso y el cambio están afectando al modo en que organizamos nuestros centros? Una de ellas irremediablemente rápida es la revolución de la información. Casi todo el mundo está seguro de que se está llevando a cabo con una rapidez sin precedentes y que sus efectos serán más radicales que todo lo que ha pasado antes. Tanto en su velocidad como en sus efectos, la revolución de la información misteriosamente, se parece a sus dos predecesores... Paseémonos por el albor de un par de siglos después al Renacimiento. En la primera revolución industrial, James Watt mejoró la máquina de vapor a mediados de los años 1770, pero este progreso no produjo muchos cambios sociales y económicos hasta la invención de la línea férrea en 1829. De igual modo, la invención de los ordenadores a mediados de los años 1940, se vio 40 años más tarde, con la expansión de Internet en la década de 1990, que inició la revolución de la información para lograr grandes cambios económicos y sociales. Estamos llamados a la comunicación. Las nuevas tecnologías son tecnologías de la información y la comunicación. Mediante las relaciones interpersonales e institucionales entre los centros educativos, las escuelas se socializan, intercambian información, experiencias y vivencias, aúnan fuerzas y fluyen transformándose en una gran plataforma de conocimiento formalizado que mejora el conjunto de la institución. Y es así como se produce la innovación, cuando el conocimiento circula, se intercambia y se combina. La innovación no se nutre del almacenamiento del conocimiento, sino de su circulación permanente. Estamos llamados a crear redes de centros. La evolución de nuestras instituciones pasa por compartir y comunicarse. Necesitamos comunidades educativas.





            En el mundo, toda economía está conectada con el resto, todos estamos vinculados en redes de muchas formas, también financieramente, a otras personas y lugares que puede que no visitemos nunca. El futuro está en la Red y en compartir en red. No hay conocimiento complejo sin la red de redes, no hay superación del estadio en que se halla el mundo global sin la globalización de las interconexiones, no hay avance en el conocimiento sin relación entre ciencias. Hoy no se entiende el trabajo de modo individual: el mundo global en el que vivimos nos llama a colaborar, por un lado, con otras instituciones, a crear puentes que refuercen la tarea que realizamos. La gestión de la innovación educativa hoy, es un proceso, en primer lugar, organizativo y esta organización se materializa en la experiencia y relaciones entre centros. Los ladrillos de estas relaciones entre centros son, a su vez, las relaciones entre los equipos directivos, los equipos de titularidad y los educadores. Ninguna institución es mejor que la suma de los profesores o de los equipos directivos que la componen y de hecho, en muchas ocasiones, el colectivo es más inteligente y garantiza con mayor probabilidad el éxito, que el trabajo o las ideas de la persona más inteligente del grupo. El diseño de la organización y la forma de funcionamiento de una institución educativa afectan de forma directa a su capacidad de innovación, por eso la columna central de la mejora en las escuelas son los procesos organizativos plasmados en un proyecto educativo que configure unas líneas clave y cree la cultura organizativa propia de cada institución; porque lo que cuenta es el camino y la participación directa de los equipos directivos y de los profesores, y no tanto el punto de llegada; en este sentido, la cultura organizativa tiene una importancia extraordinaria.
            Finalmente, las instituciones educativas innovan ampliando su base de conocimiento y desplegándola en nuevas direcciones. Esto supone probar y atreverse además de crear internamente las condiciones que favorezcan el aprendizaje de los individuos. Los centros educativos sólo pueden mejorar en la medida que lo hagan sus profesores y esto sólo ocurre si creamos las condiciones institucionales idóneas para favorecer lazos y sentido a la carrera docente y a la pertenencia a nuestros centros. Estoy convencido de que en nuestras escuelas tenemos profesores que quieren hablar y exponer sus descubrimientos y experiencias, en definitiva, crecer y compartir sus vivencias. La formación de los profesores debe centrarse en habilidades prácticas; emigrando de la enseñanza teórica al desarrollo de competencias bajo el apoyo de los equipos directivos que pueden realizar incluso, las funciones de “coaches” en jornadas y en el aula. La creación de una red de centros nos permite crear un modelo de apoyo y asesoramiento en lo profesional al profesorado, la red y los equipos directivos dotan de sentido el término de carrera docente y la creación de modelos de supervisión, apoyo y coaching entre profesores y los formadores de los formadores.

viernes, 25 de febrero de 2011

píldora 16: menú degustación (para principiantes) en la educación 2.0 del profesorado

El mundo de hoy está lleno de buenas noticias, sólo es necesario encontrarlas. Vivimos un momento histórico donde la disposición de la información en Internet es interminable. Todo al alcance de todos, una pantalla y un ratón no hacen distinción alguna, nos encontramos con igualdad de oportunidades ante su reinado. Para muchos autores este fenómeno produce un efecto desolador. Ante una avalancha intangible e inabarcable de recursos, se acelera el fenómeno de la desinformación, incluso, el de la “infoxicación”. Pero lo cierto es que nunca antes en la historia el ser humano había tenido a su disposición tal cantidad de recursos a su alcance, sin embargo, ¿dónde encontrar los que necesito?
Si la vida real la constituyen los átomos, partículas de protones, electrones y neutrones, nuestras pantallas explotan de Kilobytes, Megabytes y octetos, término recién aprobado por la RAE para definir a los átomos virtuales: los bytes. Un byte en la pantalla equivale al espacio de una letra, 10 bytes son su nombre y apellidos, 100 bytes son una de estas frases, 1 kilobyte el texto de esta entrada, 100 kilobytes, la foto que lo acompaña, 1 Megabyte, su novela favorita y 1 Gigabyte es una furgoneta llena de páginas de texto… Un Terabyte, un  Petabyte y un Exabyt no son nombres de chucherías navideñas, sino unidades de medición y representación de la información.
La información es texto en la www.wikipedia.com , la información son libros gratuitos con la licencia de common senses en www.infonomia.com/articulo/libros/6151 , donde filósofos e ingenieros contemporáneos nos explican el significado del término “infoxicación” y nos dejan descargar e imprimir su obra gratuitamente, la información son documentales educativos en http://vimeo.com/channels/documentaryfilm o en www.youtube.com/edu , la información son todos los podcasts de la programación de http://www.rtve.es/podcast/  para escuchar dónde y como quieras; la información es también basura, bazofia y chascarrillo, tú elijes lo que es “tu” información. ¿Qué bytes quieres consumir? Elije tu propio menú de información, una dieta rica y equilibrada ante la pantalla es tan necesaria como una alimentación saludable y una buena dosis de deporte semanal.
No me iré a correr contigo, pero sí me apetece invitarte a almorzar. Si eres principiante en este restaurante no te preocupes, te ofrezco el Menú degustación para tu formación a precio de ganga, sólo te llevará quince minutos por plato, en versión original, con subtítulos en español y preparado por los mejores chefs del mundo en primicia.

- Entrantes:
Creatividad flameada y reducida con aguardiente de escolarización, por Sir Ken Robinson


Suave ensalada de talento infantil pretencioso y agudo, ideal para platos cargados de contenido, por Adora Svitak




- Primeros:
Sopa hindú de motivación y autoaprendizaje, especialmente picante, por Sugata Mitra.



Pasta OneLaptopPerChild, tan increíble que no lo creerá posible, por Nicholas Negroponte.




- Segundos:
Entrecot de contenidos curriculares con guarnición caliente de ideas, sólo para bien hambrientos, por Alan Kay.



Merluza matemática al horno computerizada, por Conrad Wolfram.



- Postres:
Barra libre de tartas a cargo de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, postres como sólo las monjas saben hornear en www.think1.tv Elija su favorito, hay cientos.



         
¡Qué aproveche! 

lunes, 31 de enero de 2011

píldora 15: malvaviscos e inteligencia emocional

          Miguel González tiene cuatro años. Su color favorito es el azul, el superhéroe al que quiere parecerse es “Spiderman” y de mayor, va a ser astronauta o jugador de fútbol,  aunque si no lo consigue, siempre podrá ser profesor de mates como su papá -¡último consuelo!- Miguel está sentado solo en una habitación desde hace unos minutos. La habitación es toda de un tono gris, incoloro; una habitación lo suficientemente aburrida y poco estimulante como para que un niño de cuatro años se desespere después de treinta segundos solo... Desde su sillita, Miguel mira a la pared en busca anhelante de estimulación. La curiosidad es una serpiente eléctrica que trepa en el interior de sus canillas mientras espera a que algo, cualquier cosa, ocurra. En un instante la puerta se abre y cruza el umbral la seño, ¡uf!, suspiro de consuelo en la sala. La seño de Miguel irrumpe en la escala de grises con un gran bol de cristal, lleno hasta rebosar de caramelos de todos los sabores y colores posibles... Los ojos de Miguel se llenan de luz. “Elige dos caramelos, Miguel... ¿cuáles son los dos caramelos que más te gustan de todos los de este bol?” dice la seño con tono afectuoso. Miguel no da crédito, por fin algo bueno ¡y más que bueno! hay caramelos de naranja, ¡sus favoritos! “Ahora escúchame con atención, Miguel” explica la seño pausadamente “voy a dejarte uno de los caramelos aquí y el otro lo voy a llevar conmigo. Cuando tú quieras, puedes comerte el caramelo que te dejo encima de la mesa, pero si esperas a que yo vuelva sin comerte el caramelo, a mi regreso tendrás los dos, ¿me has entendido?”. Miguel asiente con la cabeza mientras sorbe saliva... y la seño se marcha con un delicioso, dulce y apetecible caramelo de naranja dejando a Miguel solo en la triste habitación con el otro. Miguel mira hacia el techo y ve gris, mira a una pared y ve gris, mira a otra pared y ve gris, mira a la mesa y ve... un delicioso, dulce y apetecible caramelo pidiendo que le hinquen el diente. “¡No, eso no!” piensa “yo quiero los dos caramelos...” ¡Pero qué situación más estresante! Imagínense. Solo ante el caramelo. “¿Cuándo volverá la seño?... ¿y si tarda mucho?...” La cabeza de Miguel es una olla exprés cocinando naranjas. Miguel mira de nuevo hacia el techo que está anaranjándose por momentos... Miguel coge el caramelo y se lo acerca a la nariz, lo huele, lo mancha de baba y juega con él entre sus manos. En los ojos del pequeño la habitación se ha teñido de naranja. Miguel mira hacia la puerta, desenvuelve el caramelo, lo observa detenidamente, mira de nuevo la puerta y... ¡qué diantres!, se lo come. Han pasado dos minutos desde que la seño se fue y ahora vuelve a la sala, pero sin el otro caramelo...
            Laura de la Puente tiene cuatro años. Su color favorito es el violeta, le gustaría parecerse más a Hannah Montana y cuando sea mayor quiere ser bailarina o arqueóloga, aunque si todo esto no puede ser -como le tiene dicho su madre- siempre podría dedicarse a conducir ferrocarriles como hacia el abuelo. Cuando Miguel sale de la triste sala gris, Laura se cruza con él en el pasillo antes de sentarse en la sillita a mirar paredes. Laura espera, espera y espera... Al cabo de unos minutos, a punto de aparecer la serpiente eléctrica de la impaciencia, la seño entra en escena con una gran bol lleno de caramelos. Los ojos de Laura se llenan de tanta luz como antes los de Miguel. La seño repite pausadamente, las mismas instrucciones. Laura elige dos caramelos de fresa, sus favoritos, y la seño vuelve a marcharse dejando a la pequeña sola ante el caramelo... Laura mira hacia el techo, no hay nada; mira una pared, no hay nada; mira hacia el suelo, no hay nada. El caramelo rosa canta sobre la mesa. Laura cierra los ojos y piensa en las cosas que han hecho esta mañana en el colegio. “La N es un puente donde la F cruzó, pero en medio del camino, apareció una rayita con la Ñ y no le dejó. La F se fue enfadada a buscar a la G...”.  Lo cierto es que después de la H las letras logran cruzar el puente con la ayuda del acueducto M, así que la historia dio para un par de minutos y Laura volvió la vista al apetecible caramelo. “¡Aaahhhhh!” largo suspiro... La pequeña mira hacia la puerta, observa el caramelo y lo toca con su dedo índice al igual que si fuera un bicho raro y pataleando boca arriba. Laura mira el caramelo que ya no parece tan rosa, es más bien una hormiga roja muy grande y gorda que ha caído de espaldas y no sabe levantarse. Laura coge a la hormiga, la pasea, cae por el increíble precipicio de la mesa pero ¡atención! ahora es un avión que vuela, ¡es la primera hormiga con alas del mundo y se ha salvado! Con gran pericia la hormiga aterriza en las coordenadas del aeropuerto rosa. Otra vez aparece un caramelo de fresa sobre la mesa. Laura suspira hondamente, de nuevo. En realidad han transcurrido siete minutos y la sala se está volviendo de color rosa. Laura pestañea, el rosa es casi como el violeta y el caramelo parece muy rico. “¡No!, ¡tengo que hacer algo, tengo que hacer algo, tengo que...!” piensa Laura. Y cierra las ojos para no mirar el caramelo. Pero con los ojos cerrados todo es muy aburrido así que Laura decide contar, simplemente contar. Ayudada por las manos, la niña sola en la sala gesticula y se balancea en la sillita contando y desplegando dedos con los ojos cerrados. “Uno el pulgar, dos el índice, tres el corazón, cuatro el anular, cinco el meñique... ¡seis el otro pulgar!, siete el otro índice...” Laura cuenta treinta dos, el equivalente a seis índices cuando han pasado doce minutos. Ya no aguanta más y grita. Da un golpe sobre la mesa, dos. Pero allí nadie aparece. Es el caramelo o ella. Se siente cansada y desesperada. Sabe que no aguanta más y toma la decisión más atrevida. Se levanta y se pone a bailar y a correr alrededor de la mesa. Han pasado más de quince minutos cuando la seño regresa a la sala y encuentra a Laura cantando Bisbal. Sin mediar palabra la seño saca el otro caramelo de su babi y la pequeña lo arranca veloz de sus manos y sigue dando saltos, ahora de alegría. A lo largo de toda su etapa escolar, es muy probable que Laura de la Puente consiga calificaciones significativamente mejores que Miguel González.



            En la década de los sesenta, el psicólogo Walter Mischel de la Universidad de Columbia realizó este sencillo experimento con un gran número de niños de diferentes Estados. En el estudio real, únicamente existía una diferencia con respecto a la historia de Miguel y Laura, Walter utilizó malvaviscos en vez de caramelos. Después de esta primera dulce fase, se hizo un seguimiento de los expedientes académicos de los niños  participantes durante diez largos años. Los resultados no pudieron ser más concluyentes: existe una correlación significativa entre aquellos niños que consiguieron aguantar más de quince minutos ante el caramelo y aquellos niños que no lo lograron.
            Muchos psicólogos consideran este experimento el ejemplo perfecto para demostrar los beneficios de saber aplazar la recompensa o los refuerzos positivos en el tiempo. Para los educadores, es sobre todo, la prueba de que existen una serie de competencias, tan importantes (o más) que los contenidos que tratamos de enseñar y evaluar, que son los que garantizan el éxito personal y profesional de nuestros alumnos. Sin embargo, reflexionar únicamente sobre la habilidad para aplazar el refuerzo es una lectura simplista de este increíble estudio. La auténtica pregunta es: ¿qué han hecho los niños que han conseguido aguantar y cómo puedo enseñarles esas competencias a aquellos que no lo han logrado? Porque la educación no es únicamente un permanente proceso de perfeccionamiento que implica mejora en el desarrollo de nuestras competencias a través del aprendizaje (aprendemos contenidos y destrezas, sabemos de historia y matemática, podemos escribir y manejar ordenadores...); la educación es también, un medio para la inserción activa, profesional y la integración del ser humano en sociedad como sujeto pleno y autónomo en sus decisiones. Pero, sobre todo, la educación es una búsqueda constante de equilibrio y plenitud vitales entre alumno y profesor, una palanca de cambio y brújula del futuro de la humanidad. Cuando educamos queremos conseguir personas felices, plenas, íntegras y dotadas de las herramientas personales, no sólo cognitivas, sino también emocionales, comunicativas, éticas y sociales para que vivan en armonía consigo mismas desde la autenticidad de sus singularidades.
            En este estudio los niños de cuatro años son sujetos ante una situación estresante proporcional al momento evolutivo en el que se encuentran. Si Laura ha sido capaz de distraerse, imaginar, crear, reconocer como se sentía, analizar sus opciones, canalizar su frustración y, finalmente y como consecuencia, aplazar su recompensa; es injusto que el resto de nuestros alumnos no tengan la oportunidad de aprender estas destrezas. Laura será la misma Laura a los dieciocho ante su examen de Selectividad, a los veinte y seis ante su primera entrevista de trabajo y a los cuarenta cuando se quede en el paro. Miguel también. Solo que ya podríamos vaticinar el futuro de ambos si no aprenden algo más que contenidos con su familia o en el colegio, los dos grandes agentes educativos.
            Si nos fijamos en el currículo actual, la única oportunidad de que disponemos (y que en muchos centros de despilfarra indecorosamente, sin acciones estructuradas y sin ninguna evaluación) es la hora semanal de tutoría. Actualmente, con la nueva introducción del concepto de competencias en la LOE, ha aparecido la competencia de “Autonomía e iniciativa personal” que aunque es un primer paso para tratar estas destrezas en todas las materias, su desarrollo y conceptualización son insuficientes. Quizás de aquí provenga el dicho popular, el saber (auténtico) no ocupa lugar, parece que los contenidos sí.
            Miguel Hernández y Laura de la Puente pueden tener miles de caras y algunas de ellas se encuentran hoy en nuestras aulas. Laura tiene muchas probabilidades de lograr el éxito personal y profesional en su vida, pero no nos olvidemos de educar a Miguel con el saber que a día de hoy, todavía no ocupa lugar.

El médico recomienda: No te olvides de tomar tu píldora diaria de pedagogía para crecer en innovación personal y profesional.