Portfolio

un espacio para compartir qué aprendo y cómo lo aprendo,

vivencial

y basado en anécdotas, reflexiones, teorías, experiencias reales...

para compartir

la cotidiana innovación educativa que, día a día, ocurre en el mundo.
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

domingo, 1 de julio de 2012

píldora 60: diseñando la escuela del siglo XXI. Design thinking y otras herramientas para la innovación educativa

Esta semana, tengo la suerte de trabajar con @veronikafee en un apasionante nuevo cruce de caminos que vamos a entrelazar: las herramientas de Design Thinking para la creatividad y el diseño de servicios y los temas clave para el desarrollo de experiencias de Innovación educativa. En este viaje nos acompañarán más de 30 profesores en dos sedes: Madrid y Santiago de Compostela, convocados por el paraguas formativo de cursos de la escuela de #veranoec12. Un modelo de curso de perspectiva antropocéntrica y participativa en el que trabajaremos con mucho vídeo, variadas técnicas de creatividad, crearemos nuestro propio proyecto para rediseñar el rol del profesorado en la escuela del siglo XXI y conoceremos la increíble experiencia del movimiento de Design for change. Sin duda va a ser una aventura emocionante, aquí os dejo la hoja de ruta de este viaje por si os animáis a compartirlo con nosotros y ¡cómo no! el enlace a think1.tv donde ya hay varias experiencias pioneras, a refrescarnos! ;)
Muy feliz mes de julio a todos!!

 

jueves, 31 de mayo de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

píldora 58: innovación, competencias y el Sr. D. Paco (2)


A continuación, recojo algunos de los principios que se repitieron con mayor frecuencia en la presentación de la tarea:
1. Organiza tu horario y tus cuadros de evaluación en virtud de las ocho competencias y no de acuerdo a las asignaturas o a los libros de texto.
2. Redacta un breve informe de evaluación de cada curso con los indicadores que esperas conseguir ese trimestre sobre cada una de las competencias. Siendo una tarea complicada, ayúdate de los decretos y órdenes de evaluación de tu Comunidad Autónoma y de las nuevas ediciones de los libros de texto u otros libros de formación que encuentres.
3. Anota cada día en este informe qué alumno y cómo ha trabajado cada competencia. Todos, aunque con distintos contenidos, han de aprender y vivir las 8 competencias.
4. Impulsa la actividad de los alumnos en relación con alguna competencia en todo momento y avisa a tus compañeros y a la dirección que vas a iniciarte en esta aventura.
5. Lleva muy al día, la evaluación de cada alumno, combina diferentes herramientas centradas tanto en el resultado del aprendizaje (exámenes, presentaciones, controles...) como en el proceso (portfolio, hetero y autoevaluación, rúbricas...).
6. Lee y apúntate a los cursos de formación del profesorado que hablen sobre educar por competencias.
7. Organiza los grupos del aula en virtud de cada una de las competencias y no en virtud de los contenidos del currículo.
8. Si los decretos, libros de texto y órdenes oficiales te bloquean para trabajar por competencias olvida a los primeros.
9. Prescinde de utilizar un único libro de texto, está en contra del sentido de educar por competencias.
10.En el peor de los casos, si te sientes acorralado por los cambios del sistema olvida la palabra c-o-m-p-e-t-e-n-c-i-a-s y ya te pondrás las pilas el curso que viene. Sin embargo, nunca olvides hablar usando palabras como Adela, David…
       Días después de tanta innovación pedagógica, me encontré por la calle con un alumno universitario del taller. Me confesó que tenía una pregunta rondándole la cabeza y necesitaba saber la respuesta antes de empezar las prácticas de la carrera, le urgía mucho. Pensé que se trataría de algo relacionado con inputs, outputs, partes, análisis, faltas y esas cosas que ya comentamos. Pero no fue así. Quedé atónito al escuchar la pregunta en cuestión. «Pero, entonces…» me dijo muy serio el muchacho «¿Cómo se llamaba la planta para empezar a educar por competencias?». Como comprenderán, me prometí no volver a comentar jamás este encuentro con el Sr. D. Paco.
Nuevas formas de enseñar y aprender
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martes, 6 de marzo de 2012

píldora 57: innovación, competencias y el Sr. D. Paco (1)






     Le conocí cuando dirigió un taller de la universidad, hace ya unos cinco años. Lo nuestro fue, de algún modo, un flechazo educativo. Mi profesor y él eran íntimos amigos y gracias a su amistad, surgió la nuestra. Francisco Álvarez de Cienfuegos tiene dos cualidades que delatan su profunda vocación de maestro: un brillo entusiasta en los ojos cuando llega al aula cada mañana y uno de esos nombres de maestro de escuela que ha resistido el paso del tiempo: el Sr. D. Paco. Un apodo a un tiempo respetuoso para padres y alumnos de Primaria y misterioso para los de Secundaria, incapaces de entender cómo unir el artículo determinado «el», acompañado por las distinciones de «Señor» y «Don» y seguido de un amable Paco que (¡para colmo!) se gana su confianza.
El Sr. D. Paco es un maestro de los que se dicen maestros «de antes». Si le preguntas quién es, él responde que maestro, marido y padre; aunque no conoce exactamente el orden correcto de sus palabras, unas veces más padre, otras más marido y la mayoría del tiempo, más maestro. Por experiencia propia, cuando encuentro este tipo de educadores, entiendo que ser maestro de los «de antes» significa haber enseñado en un momento sin LOGSE, ni LOCE, ni LOE, sin psicólogos ni pedagogos; en definitiva, en una época en la que enseñar y aprender era un arte que no podía enmarañarse con el cambio político de leyes o paradigmas educativos. Sin embargo, después de pasar toda una vida en el aula, el Sr. D. Paco nunca se ha cerrado a introducir nuevos cambios en su forma de enseñar. Cuando llegaron los temas transversales, creo que fue el primero en estudiarse el Libro Blanco; cuando llegó la fiebre de los conceptos, los procedimientos y las actitudes, él preparaba grandes unidades didácticas que más que folios, eran sábanas… Cada nueva ley, nuevas lecturas y nuevos nombres de pedagogos en la lista de citas a pie de página.
Si bien somos buenos amigos, no se debe principalmente a nuestro afecto y a nuestra vocación compartida. Más bien, ambos encontramos en el otro un cómplice con el que disfrutar de diálogos prohibidos en los tiempos psicopedagógicos que corren.  A los dos nos encanta conversar sobre educación, aunque sin pronunciar palabras que por haberse repetido hasta la saciedad, han caído en saco roto para solucionar los actuales problemas educativos; véase calidad, protocolos de intervención, innovación pedagógica, partes, faltas graves y leves, atención a la diversidad o, nuestras favoritas, input y output del alumno, entre muchas otras y con todos nuestros respetos a las ciencias educativas. Nosotros hablamos de eso de lo que ya no se habla y con lo que compartimos la vida, día tras día: Antonio, el de la primera fila, David y el Ruiz, mellizos de la cuarta fila, Adela, la mejor en “Cono”, etcétera, etcétera…
 Pues en éstas estábamos hace unos meses, con palabras como Adela, David y Ruiz… en una tarde de diario y en su Colegio de Primaria a las afueras de Madrid, cuando se me ocurrió romper nuestra regla e introducir un término proscrito en la conversación: c-o-m-p-e-t-e-n-c-i-a-s. La palabra sonó igual que el primer trueno que avecina una tormenta de verano, inmediatamente le sigue el silencio, después la tromba de agua. No detallaré las barbaridades y lo agitado de una nueva conversación emocionante que compartimos, en su fuero interno, el Sr. D. Paco esperaba que yo fuera quien le empujara a lanzarse con esta nueva aventura pedagógica. Las conclusiones fueron nuevas promesas de formación, nuevas lecturas, nuevas citas a pie de página, nueva revisión de la LOE, 8 nuevos conceptos que no son sólo capacidades, habilidades o destrezas… En definitiva, aprender a educar por c-o-m-p-e-t-e-n-c-i-a-s, sin contaminar nuestra vida de más términos proscritos, a ser posible.
Hoy, hace unos meses de todo aquello y desde entonces, el Sr. D. Paco ha leído mucho, y valiente pero prudente me propone ayudarle en el taller que sigue impartiendo para estudiantes universitarios, el mismo con el que iniciamos nuestra amistad. Yo acepto encantado. Organizamos la programación didáctica del segundo trimestre de una de sus clases por competencias y preparamos la primera sesión del taller para universitarios. Todo estaba listo para hablar de enseñar a enseñar por competencias sin decir c-o-m-p-e-t-e-n-c-i-a-s.
Como quien se acomoda en la butaca expectante ante la entrada en escena de un actor en el teatro, aquella primera mañana del taller, alumnos de primaria y alumnos universitarios sentados en los mismos pupitres, esperábamos la entrada del Sr. D. Paco. Fiel a su vocación de maestro, el Sr. D. Paco trajo consigo el brillo característico de sus ojos y un tiesto con una planta en sus manos. La clase empezó de improvisto con una asamblea de alumnos de Primaria que respondían veloces y revolucionados a todas las preguntas del Sr. D. Paco. Mientras, los de la «uni» miraban atónitos.
«¿Alguien sabe cómo se llama esta planta?, ¿de dónde proviene?, ¿qué sabéis de ese continente?, ¿y de ese país en concreto?, ¿cómo crece esta planta y cómo tiene nuevas plantitas?, ¿alguno puede encontrar información sobre ella en internet?, ¿conocéis el poema que habla sobre ella?, ¿qué palabras del poema conocéis en inglés?, ¿os atrevéis a escribir una descripción con muchos adjetivos sobre esta flor?, ¿y una descripción en inglés?, ¿quién escribió el poema original?, ¿cuándo vivió este señor?...» Después de la tormenta de preguntas llegó el murmullo de niños trabajando por grupos en diferentes espacios del aula. El Sr. D. Paco paseaba de un lado a otro y atendía, por increíble que parezca, a todos los alumnos a la vez, ideando preguntas y rápidos tests para evaluar lo que aprendían los pequeños. Los de la universidad sólo miraban, me atrevería a decir que casi sin pestañear. Con la campana, el Sr. D. Paco empujó a los niños amablemente al patio, sacándolos de sus quehaceres. Ellos guardaron lo que habían trabajado en sus correspondientes carpetas y se escaparon observando a los observadores que no habían pestañeado en toda la hora. «¿Qué sabrían aquellos mayores de la planta del Sr. D. Paco?» imagino que se preguntaban mientras salían al recreo. Entonces, los universitarios atónitos y sentados en los pupitres de los de Primaria, iniciaron la reflexión sobre por qué, exactamente, aquella había sido una clase organizada por competencias.
      Continuará...

El médico recomienda: No te olvides de tomar tu píldora diaria de pedagogía para crecer en innovación personal y profesional.